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Juegos psicológicos y Guión de Pareja

16 Jul

   El guión de vida según el Análisis Transaccional sería una especie de plan que elaboramos en la infancia de manera inconsciente, influidos por las figuras de referencia (especialmente los padres) y que vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida. Todos hemos recibido, en mayor o menor medida y con un impacto más o menos grande, mensajes de lo que era o debía ser la vida por parte de las personas que estaban a nuestro cuidado. No son mensajes casuales, sino creencias y valores repetidos una y otra vez (transmitidos de generación en generación). No sólo se transmiten verbalmente, sino también a través de los comportamientos que vemos y del lenguaje corporal de nuestras figuras de referencia. 

   Existen mensajes que son constructivos y otros que son destructivos. Ejemplos de mensajes destructivos que pueden marcar un determinado guión de vida: “sé perfecto”, “sé fuerte”, “complace”, “no crezcas”, “no existas”,…

   El Guión de Vida puede determinar la trayectoria de la vida de pareja. Utilizamos aquellos juegos psicológicos que se adecúan a nuestro guión de vida. Mensajes del guión de vida que pueden determinar negativamente nuestra relación de pareja son: “todos los hombres son iguales”, “ten cuidado, no confíes”, “el sexo es algo sucio”,…

   Los juegos psicológicos determinan una forma de vivir la relación, es decir, acaban por definir lo que podemos llamar un “Guión de Pareja”. Estos llevan a la crisis de pareja tarde o temprano si no se detectan y se cambia la forma en que se relacionan ambos miembros. 

Guiones de pareja destructivos: de sumisión, de dominancia y de aislamiento.

Guión de sumisión: La pareja dedica su tiempo a practicar juegos psicológicos de sumisión. Un miembro de la pareja, desde un rol de víctima, pedirá protección al otro. Si esta protección no la recibe (o percibe), es decir, si falla la manipulación, la víctima se expresará con rabia, persiguiendo a su pareja e intentando generar culpabilidad. Sin embargo, rápidamente retornará al rol que le es propio, el de víctima, por miedo a perder la posibilidad de dicha protección. Pongamos por caso que ella siente celos de que su marido se vaya a ver un partido de fútbol con sus amigos en vez de pasar la tarde con ella. Así, le envía señales, primero de forma no verbal y después verbalmente de que se siente triste de pasar la tarde sola. Pero su marido está decidido a irse, con lo que ella va a pasar de mostrar tristeza y melancolía a rabia y decepción, comparando la situación con otras ocasiones en las que ella se sacrificó (sin caer en la cuenta que está hecha para tal acción, a diferencia de su marido), o bien con otras parejas idealizadas o, todavía más probable, con situaciones fantasiosas acerca de “qué pasaría si”. Al final, ella cede o bien porque él se mantiene firme o bien porque valora que su insistencia puede girársele en contra aumentando su sentimiento de inseguridad. Lo que sucederá es que en la próxima demanda su argumento de víctima se agudizará y su acción agresiva será más punzante.

Guión de dominancia: Esta pareja dedicará su tiempo a los juegos de dominio, consistentes en que uno de los dos, desde un rol de salvador o bien de perseguidor, ejercerá una relación de competencia con el otro para demostrar que es el mejor, que tiene mayor control sobre las circunstancias, las ideas, las opiniones, etc. Dicho de otra manera, demostrar su autosuficiencia y la imposibilidad del otro de aportarle nada nuevo pues él/ella es el abastecedor y no al revés. El resultado es que la convivencia se convierte en un ring de boxeo, donde siempre debe haber un ganador y un perdedor. Cuando el perseguidor siente que falla y que en esa batalla ha perdido, conectará con su inseguridad, se sentirá desvalido y así lo manifestará, mostrándose hostil y distante durante horas, a veces incluso durante días (su disgusto no acostumbra a ser pasajero). Así hasta que vuelva a encontrar otra oportunidad en la que demostrar su fuerza y superioridad respecto al otro y, de paso, vengarse de su anterior derrota. La dominancia, pues, irá in crescendo en cada batalla hasta conseguir el agotamiento de la pareja como síntoma y la ruptura como desenlace final.

Guión de aislamiento: La pareja dedica su tiempo a jugar a mantenerse distantes lo necesario para sentirse a salvo del compromiso emocional y lo justo para poder definirse como pareja. Por eso, estos juegos se caracterizan por la vivencia de una actitud de indiferencia y frialdad aparente hacia el otro, hasta que uno de ellos se siente mal (o bien solo o bien culpable) y se acerca al otro o bien deja que aquél se acerque. Este acercamiento será intenso (generalmente suele consistir en contactos sexuales muy apasionados) pero breve en el tiempo, ya que uno o bien ambos necesitarán volver a la distancia media de seguridad. Para conseguir de nuevo este tiempo de aislamiento la pareja puede utilizar diversas fórmulas: discutir por asuntos objetivamente banales, viajes regulares, un trabajo muy estresante (del cual no se quiere deshacer por mucho que se queje), cursos de formación continuos, proyectos inacabables y un largo etcétera que permite sabotear la intimidad prolongada con la pareja. El resultado es una relación de “va-y-ven”, intermitente: ahora se juntan, ahora se separan, ahora vamos a dejarlo, ahora te necesito, que en ocasiones se traduce en un “ni contigo ni sin ti” que atrapa a la pareja en un círculo vicioso del que resulta difícil salir porque el gancho acostumbra a ser aquí, por lo general, el sexo.

   Tomar conciencia del guión de vida es algo muy positivo que nos puede ayudar a cambiar en aquellos aspectos que nos traban o dificultan la vida. Consiste en replantearnos o poner en cuestión algunos de los mensajes que asumimos en la infancia y elegir con plena libertad si seguir aferrándonos a ellos o tomar nuestro propio camino.

Fuente de documentación: Artículo “Juegos, guión y pareja” de la Revista Análisis Transaccional y P. Humanista.

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