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El top ten de los problemas de pareja

23 Oct

   En terapia de pareja nos encontramos con tantos casos como parejas existen. Cada una escribe su propia historia día a día. A pesar de la diversidad intríseca a cada relación de pareja, al consultorio suelen llegar temáticas parecidas o con aristas similares. Las más frecuentes son:

1.  Los celos.
   “Mis celos se convierten en patológicos cuando nos hacen sufrir a ti y a mi. Creo que el origen de mis celos es mi inseguridad y mi baja autoestima. Necesito tener el control sobre tus relaciones con tus amigos, tú tiempo libre, tus actividades de ocio,… Estoy atento a cualquier indicio de infidelidad. Me doy cuenta de que lo que intento en el fondo es evitar sentir mi inseguridad, mi miedo al abandono,… Soy consciente de que son los pensamientos que creo yo mismo los que me llevan a esta angustia. Si no me quiero a mí mismo, fantaseo que en cualquier momento puede cruzarse alguien más válido que yo, que ponga en riesgo nuestra relación. Esto es producto de mi fantasía, pero… lo que es real es que es mi propia inseguridad la que está poniendo en riesgo nuestra relación…. y, paradójicamente, lo que más temo es lo que estoy provocando: la ruptura. Te sientes asfixiado y mi desconfianza te aleja de mi. Precisamente es la posibilidad de que me puedas ser infiel lo que hace que tenga valor el que no lo seas”.  

   “Me acusas de haber tenido otras parejas en el pasado. El pasado no se puede cambiar…. y es más, no quiero cambiarlo, porque lo que soy hoy es fruto de mis experiencias pasadas y de mi horizonte. Lo que amas hoy de mi, es resultado de lo que he vivido, de lo que he aprendido. Asumir la realidad: asentir al lugar que ocupamos (tercera, segunda, cuarta,… relación en la historia de mi pareja). ¿Acaso eso te hace menos importante para mi? Eso me habla de tú inseguridad y de tú miedo a perderme. El problema no es que yo haya tenido relaciones anteriores a ti, el problema es que crees que han podido ser mejores que tú o que las haya querido más que a ti. Entras en la comparación y desde ahí dejas de percibir, dejas de tomar todo aquello que es reflejo de mis sentimientos por ti”.

 2. Lucha de poderes.
   “Nuestra relación se ha convertido en un campo de batalla en donde hay un vencedor y un vencido. Hemos dejado de ser competentes para convertirnos en competidores. El vencido acumula impotencia, rabia, frustración,… Pueden ocurrir dos cosas en él: o que termine explotando y descargue toda esa rabia en forma de venganza, o bien se trague esa ira que lanzará contra él mismo y que probablemente desemboque en una depresión. El vencedor se siente dominante y no deja espacio a la crítica. Si uno acota algo que le disgustó, el vencedor no encuentra una respuesta reflexiva, sino que lo interpreta como el puntapié inicial a una pelea en donde ninguno de los dos se escucha, sino que se ataca. Las críticas se han transformado en una escalada de descalificaciones que han desembocado en duras agresiones verbales y que, de seguir escalando, esto puede terminar en un caos de violencia física”.

 3. Dificultades en la comunicación. Adivina, adivinanza…
   “Te conozco muy bien. Tan bien que un gesto, una frase, una acción tuya, es el motor de arranque para que surja en mi una interpretación que doy por válida. Pero, esa suposición mía no siempre es acertada y esto genera un conflicto que crece como una bola de nieve. Es paradójico… el otro día interpreté un gesto tuyo como que estabas enojado conmigo. Empezaron a surgir pensamientos dentro de mi y yo sólo me fui calentando hasta que me enfadé y me alejé de ti. Mi actitud hizo que tú terminaras, realmente, enfadado conmigo. Lo que en realidad te pasaba era que tenías un gran dolor de cabeza. Me doy cuenta de que no es nada práctico jugar a ser adivino… es mucho más fácil preguntar, contrastar contigo. El otro día con un simple: ¿estás enfadado? hubiera bastado y me hubiera evitado un sufrimiento gratuito”

   “Mi pareja quiere a alguien a su lado que mirándola sepa qué está pensando. ¿Acaso yo soy adivino? No parece lógico pensar que yo tenga la obligación de saber lo que quiere, lo que necesita, lo que está pensando,… con tan solo mirarla. ¿Para qué está el lenguaje, sino para utilizarlo? Sería muchisimo menos complicado si me expresara con claridad lo que quiere, siente, necesita, piensa,… Eso nos ayudaría a comunicarnos con más eficacia y nos evitaría frustraciones y malentendidos”. 

 4. Olvidarse de uno mismo: el sacrificio.
   “Me doy cuenta de que me he llegado a olvidar de mí misma. He dedicado mi vida por y para el otro. Me he abandonado física y mentalmente. Y no tengo nada que reprocharle. Me doy cuenta de que ha sido elección mía, y sólo mía, el hacerme cargo de cosas que son de otro. Mi actitud no sólo ha repercutido negativamente en mí, sino en la relación. Al olvidarme de mí, se ha hecho un gran vacío en mi interior. No me he permitido recibir. Además, el otro siente que no puede aportarme nada, porque yo no estoy abierta a ello. Así hay un desequilibrio en la pareja: una gran deuda por parte del otro y un gran vacío (desgaste) en mí. Siento que ambos necesitamos dar y recibir, para poder nutrirnos de la relación. El amor no es una medida de cuánto estoy dispuesta a sufrir por ti, ni se evalúa midiendo aquello a lo que soy capaz de renunciar por ti”.

 5. Cuando cambie,… seré feliz.
  “Cuando me enredo en la necesidad de cambiarte, de acuerdo con la forma en que yo entiendo que has de ser, el resultado es la frustración e insatisfacción para mi y para ti. Esto es lo contrario a aceptarte tal y como eres. Cuando me empeño en que cumplas con mi idealización de cómo debieras ser, me pierdo en mis expectativas y dejo de ver la persona que realmente eres. Me valgo de un derecho que me otorgo a mí mismo en el que puedo exigirte que cambies. ¿Cuándo adquirí este “privilegio”?, ¿me lo has concedido tú mismo o fuí yo,… o ambos?
Podemos negociar aquellas partes que nos traban en la relación. Elijo proponerte, pedirte,…. y dejar de exigirte. Si para mí es tan importante que cambies todas esas cosas de ti, y tú ejerces tú derecho a no cambiar, quizás debiera plantearme si tú eres la persona con quien realmente quiero compartir mi vida”. 

   “Me he convertido en lo que tú deseas. Elijo dejar de ser yo mismo, para ser aquel que tú sueñas para tí. Me anulo para complacerte. Me pregunto si me amas por lo que soy o por lo que intento ser para ti. También me pregunto de qué manera me está condicionando mi necesidad de sentirme querido, reconocido, valorado,… como para anularme a mí mismo”.

 6. Estar o no estar disponible para el otro.
   “Puedo estar presente físicamente, pero a mil millas de ti. Desconectado de ti, de la situación, de lo que me estás contando,… Estoy en mi mundo, fabricando un montón de ideas que me alejan de este momento, de ti, de mi presente. La presencia física no es siempre sinónimo de disponibilidad”.

   “Me doy cuenta de que busco ocuparme fuera de casa: me lleno cada vez más de trabajo, de compromisos,… Me paro y me pregunto: ¿de qué estoy huyendo? ¿qué es lo que no quiero afrontar?”. 

 7. Enganchado con relaciones pasadas.
   “No he cerrado el capítulo de mi anterior relación de pareja. Está muy presente en mí. Necesito despedirme de aquella relación para poder implicarme en esta. Necesito sentirme libre para iniciar una nueva relación: soltar mi rabia, mi rencor,… y darle el lugar que le corresponde en mi corazón, como alguien que estuvo en mi vida y que algo me aportó”.

 8. Jugando al ratón y al gato.
   “Mi dependencia me lleva a verte como alguien indispensable para mi: te necesito para salir, para decidir, para valorarme a mí mismo, para sentirme,… Eso genera en ti ganas de huir, de tomar distancia. Es demasiado pesado, vivir por los dos, cargar con el otro. Así que decides alejarte y esto agudiza mi necesidad de ti, y me acerco aún más,… Tú en respuesta sigues marcando distancias, y dejas salir tú sobrecarga. Entonces, te sientes culpable por tú reacción y te acercas a mi… de nuevo, se inicia otra vez más el ciclo de acercamiento-alejamiento”.

 9. Una vida, mil parejas.
   “Tengo el deseo de encontrar a alguien con quien tener una relación de pareja, pero no encuentro a nadie que se ajuste a lo que yo necesito. Lo que me pasa en realidad es que busco en el otro cubrir mis vacíos. Sin embargo, me doy cuenta de que depende de mí hacer ese camino. Miro dentro de mí para descubrir cuáles son mis carencias, mis miedos, mis nudos,… y esto me pone en el camino de encontrar una solución”.   

 10. Enredos con la familia de origen y la familia política.
   “Para que nuestra relación de pareja sea, tú y yo hemos de validarla. Hemos de definir nuestros límites como pareja para relacionarnos como tal. Cuando estos no están definidos, los demás pueden entrar en nuestro sistema y decidir por nosotros, interponerse. Si tú o yo no hemos cortado nuestro cordón umbilical con la familia de origen, no seremos una pareja de dos, sino de muchos más. ¿Esto quiere decir que ya no existe mi familia de origen para mi? Creo que no, que no he perdido nada, sino que he ganado: soy hijo, hermano, sobrino,…. y pareja”.

  “Necesito a alguien a mi lado que me cuide, esté atento a lo que yo necesito, que vaya detrás de mí (reprendiendome),… Al decir esto me viene a la mente la imagen de mi madre. Quizás esté buscando en mi pareja una madre que sentí ausente o necesito seguir manteniendo ese vínculo con ella a través de ti. Entonces, entiendo que no hay una relación de pareja, de iguales. Lo que hay es una relación en la que tú haces el rol de madre y yo el de hijo. Ambos jugamos a algo que no somos”.

  “Miro a mi familia política y me siento distanciado de esa forma de entender y vivir la familia. Me enredo en querer imponer mi esquema de familia, como yo la entiendo. Creo que desde ahí no estoy respetando tus orígenes, tú historia, tus vínculos,… Dejo de estar en mi lugar, cuando me siento en el derecho a decir cómo debieran ser las relaciones de otros. Tú procedes de ese sistema. Me doy cuenta de que respetar a tú familia de origen es igual de válido, necesario y compatible con mantener, cuidar y respetar los límites en nuestra pareja”.

   Si tienes o tenéis dificultades en pareja y sientes la necesidad de darles una solución puedes asesorarte pidiendo cita escribiéndonos a info@centropsinergia.com o bien llamándonos al 619 62 81 90.

M. Angeles Molina.

Directora y Psicóloga del Centro PSINERGIA

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Publicado por en 23 octubre 2011 en ARTICULOS PSICOLOGIA

 

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