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Bután, un reino en busca de la felicidad

04 Dic

   Había una vez un rey de un pequeño país enclavado en la cordillera del Himalaya llamado Bután, entre China y la India, que en el día de su coronación se dirigió a sus expectantes súbditos, congregados ante el palacio, con la siguiente afirmación pronunciada con un tono amable y a la vez enérgico: “La felicidad interior bruta es mucho más importante que el producto interior bruto“. El rey de este cuento se llama Jigme Singye Wangchuck, cuarto rey de Bután, y la frase la pronunció el 2 de junio de 1974.

   El rey, con el tiempo, demostró que no solo era hombre de palabra, sino de hechos. Así que mandó crear una comisión nacional encargada de cuantificar, mediante estadísticas, la Felicidad Nacional Bruta de la nación, al frente de la cual puso a su primer ministro Jigme Yoser Thinley.  No contento con esto, y para estupefacción de su pueblo, decidió redactar una Carta Magna, la primera de su historia, por la que el país pasaba a ser una monarquía constitucional democrática. Estableciendo en el artículo 9.2 lo siguiente: “El Estado se esforzará en promover las condiciones que permitan la consecución de la felicidad interior bruta“. Y como el rey era hombre de hechos y no solo de palabras, propició que el nuevo gobierno, que tenia un gran respeto por su majestad, basara el concepto de felicidad nacional en cuatro pilares:

1. El buen gobierno, es decir, tolerancia cero contra la corrupción en el ejercicio del poder.

2. Un desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo.

3. La preservación y promoción de la cultura.

4. La conservación del medio ambiente.

Y en ello están. No pretenden dar lecciones a ninguna otra nación. Ellos decidieron que, en Bután, el PIB no podía ser el único indicador de crecimiento. ¿Por qué? “porque (según el primer ministro) el crecimiento no es eterno, los recursos naturales son limitados y lo único que nos ha dejado este medidor es un futuro lleno de incógnitas”. Y es que para ellos, budistas tenían que ser, el verdadero desarrollo de una sociedad tiene lugar cuando el avance en lo material y lo espiritual van de la mano.

   Bután se encuentra en el puesto 156 del mundo, en cuanto a PIB. Su economía se basa en la  agricultura (a la que se dedica el 80% de la población), la venta de energía hidráulica a la India y el turismo (muy controlado). Es un país que depende de la ayuda externa. La tasa de alfabetización es del 59,5%, y la esperanza de vida, 62,2 años. Pero fue la segunda economía que más rápido creció en el mundo en 2007. La tasa media anual de crecimiento del Producto Nacional Bruto per cápita entre 1990-2009  fue del 5.2 La educación, gratuita y en inglés, llega hoy a casi todos los rincones del país. Y En el Mapamundi de la Felicidad, realizado por el profesor Adrian White de la Universidad de Leicester en 2006, Bután resultó ser el octavo más feliz de los 178 países estudiados (por detrás de Dinamarca, Suiza, Austria, Islandia, Bahamas, Finlandia y Suecia).

   Su caso no es extrapolable, dicen. Pero mira tú por donde que otras maneras de progresar más sostenibles son posibles. Y existe un rey, un gobierno y un pueblo, unidos por un sentimiento de formar parte de la misma sociedad, que ha asumido que su desarrollo no pasa por correr sino de saber a qué lugar quieren llegar. Y actúan en consecuencia.

Y colorín colorado… este cuento nos ha iluminado.

Fuente: http://gonzalezoscar.wordpress.com 

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Publicado por en 4 diciembre 2011 en ARTICULOS PSICOLOGIA

 

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