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Respira tú vida

09 Ene

   La respiración está indisolublemente ligada a nuestra vida corporal y mental. Una correcta respiración influye en una buena oxigenación de nuestro cerebro, y esta a su vez, en un mayor rendimiento de todos nuestros procesos mentales.

   Cuanto mejor sea la oxigenación, mayor será la fluidez de nuestro pensamiento. Por tanto, aprender a respirar nos aporta calidad de vida, no sólo a nivel físico, sino mental. Nos ayuda a gestionar emociones y sensaciones como el miedo, la ansiedad, la rabia, la impulsividad, la inquietud,…la inquietud,…

   La respiración es un ancla en medio de las mareas de circunstancias y emociones que no cesan de cambiar.

   Gracias a que repercute en nuestra mente, puede convertirse en un magnífico instrumento para reeducarla. La respiración es una gran herramienta para tranquilizar la mente, para adentrarnos en nuestro cuerpo y para crear una conciencia de estar en presente: “aquí y ahora”.

Aprender a respirar: encuentra tú hogar en la respiración.

   Colócate en una posición en la que puedas sentirte cómodo durante unos minutos. Cierra los ojos…

   Suavemente centra la atención en tu respiración. No se trata de que pienses en ella, sino de que pongas toda tú atención en ella. Trata de experimentar la sensación física del aire que entra y sale de tu cuerpo. No hay nada que hacer, ningún lugar adonde ir. Sencillamente toma conciencia de la sensación de respirar.

   Coloca una de tus manos sobre tú pecho y otra justo por encima de tú ombligo. De esta forma notarás con mayor claridad la respiración.

   Siente el recorrido del aire, cómo pasa por tu nariz, por la garganta, el pecho y llega hasta la zona del abdomen. Experimenta la corriente natural del aire al entrar y salir. Sin tratar de controlar ni cambiar la respiración, déjala ser tal como es, “que la respiración respire”, sin comentarios. Si es lenta, que sea lenta, si es superficial, que sea superficial, si es rápida o profunda, que sea rápida o profunda. De esta manera, te pones en contacto con lo que hay en este preciso momento. 

   Ahora, imagina que tú abdomen es como un globo que se hincha cuando inspiras y se deshincha cuando espiras,… sin forzar. Notarás cómo la mano colocada sobre el abdomen acompañará el movimiento subiendo en la inspiración y bajando en la espiración. Primero sube la mano del abdomen y luego se mueve ligeramente la del pecho.

   De esta manera ayudas a llevar el aire hacia la parte baja de tus pulmones. Oxigenas todo tú cuerpo y limpias tú mente. Ve imprimiéndole un ritmo pausado (si respiras rápido y profundo, puedes hiperventilarte). Se trata de que lleves el aire a la parte baja de tus pulmones, no de que cojas todo el aire y tengas sensación de ahogo. Cuando el aire llega abajo, sentirás cómo tú abdomen se hincha. Esto te indicará que lo estás haciendo correctamente. 

   Si surgen pensamientos, déjalos marchar amablemente y vuelve a centrar la atención en la respiración. Deja que todos los demás pensamientos pasen, manteniendo suavemente la atención centrada en la respiración, en el suave movimiento de subir y bajar. No te desanimes. Al principio tu pensamiento divagará muchas veces. Cada vez que lo haga sencillamente adviértelo y vuelve a concentrarte en la respiración.

   Imagínate que creas tu hogar en la respiración. Nota la sensación de hogar en ese lugar del abdomen donde reside el aire inspirado. Siente abierto ese espacio de tu cuerpo y recibe el aliento que lo hace tu hogar. Pasado un rato podrás acompañar en silencio la espiración con la palabra “hogar”.

   En esa observación nada es rechazado; lo aceptas todo: el ruido de la calle, ¡está bien!, lo acepto, no me estorba. Yo sigo observando mi respiración; alguien no para de toser a mi lado, ¡está bien!, lo acepto, no me estorba. Sigo observando mi respiración…

Cómo llevarla a mi vida cotidiana

   Si ya has adquirido la destreza necesaria a través de la práctica de las indicaciones anteriores, es hora de aplicarlos a tú vida cotidiana.

   Presta especial atención a los momentos en que te sientes estresado: voy acelerado en mi caminar, estoy en un atasco, un disgusto,… Es el momento de que te ayudes a recuperar el control de la situación.

   Una vez detectada la sensación de estrés, pon en marcha tú respiración abdominal pausada. Lleva calma a tú interior. Respira. Toma conciencia de cómo tú mismo vas controlando el nivel de activación sobreelevado para pasar a un nivel de activación óptimo. El control de tú respiración, repercute en una disminución de tú frecuencia cardíaca, tus músculos se destensan,… 

   Pon conciencia en si puedes hacer lo que estás haciendo de otra manera que no te genere tanto estrés. Si no es posible, igualmente condúcete a la calma a través de tú respiración. Esto es algo que depende exclusivamente de ti. Tus pulmones están ahí, disponibles para ti.

   Incluso si no existe ninguna situación estresante, pero sientes sensación de ahogo o de respiración superficial… practica la respiración profunda. Poco a poco irás devolviendo a tú cuerpo y mente hacia un ritmo de respiración cotidiano más intenso, profundo,… y esto amplificará tús sensaciones, te proporcionará mayor serenidad,… y una gran cantidad de beneficios a nivel físico y mental.

   Recuerda, permítete respirar tú vida: aquí y ahora.

M. Angeles Molina.

Directora y Psicóloga (col. 1642) de PSINERGIA

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2 comentarios

Publicado por en 9 enero 2012 en ARTICULOS PSICOLOGIA

 

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2 Respuestas a “Respira tú vida

  1. C. Gosan

    9 enero 2012 at 17:28

    Tenéis artículos muy inspiradores. Encantada de conoceros y coincidir en muchos puntos de vista.

     
    • Psinergia

      9 enero 2012 at 21:26

      Muchas gracias por seguirnos y por tus palabras. Continuamos trabajando para ofrecer claves que ayuden al bienestar y la salud física y mental.
      Te animamos a que compartas tus opiniones sobre los temas expuestos en nuestras publicaciones. Si estás interesada en algún tema en particular, puedes hacernos llegar tus sugerencias a info@centropsinergia.com Te escuchamos.
      Un saludo.
      M. Angeles Molina.

       

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