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¡Que cambien los demás!

03 Sep

   Tenemos tanto miedo al cambio, que muchos nos aferramos a una serie de mecanismos de defensa para no cuestionar las creencias con las que la sociedad ha moldeado nuestra identidad.

   Cuenta una historia que el joven rey de un imperio lejano se cayó un día de su caballo y se rompió las dos piernas. A pesar de disponer de los mejores médicos, ninguno consiguió devolverle la movilidad. No le quedó más remedio que caminar con muletas. Debido a su personalidad orgullosa, mandó publicar un decreto por el cual se obligaba a todos los habitantes a llevar muletas. Las pocas personas que se rebelaron fueron arrestadas y condenadas a muerte. Desde entonces, las madres enseñaron a sus hijos a caminar con muletas en cuanto comenzaban a dar sus primeros pasos.

   Como el monarca tuvo una vida muy longeva, muchos habitantes desaparecieron llevándose consigo el recuerdo de los tiempos en que se andaba sobre las dos piernas.

   Años más tarde, cuando el rey finalmente falleció, los ancianos que todavía seguían vivos intentaron abandonar sus muletas, pero sus hue­sos, frágiles y fatigados, se lo impidieron. A veces trataban de contarles a los más jóvenes que años atrás la gente solía ca­minar sin utilizar ningún soporte. Pero los chicos solían reírse de ellos.

   Movido por la curiosidad, un día un joven intentó caminar por su propio pie, tal y como los ancianos le habían con­tado. Al caerse al suelo constantemente, pronto se convirtió en el hazmerreír de todo el reino. Sin embargo, poco a poco fue fortaleciendo sus entumecidas pier­nas, ganando agilidad y solidez, lo que le permitió dar varios pasos seguidos. Su conducta empezó a desagradar al resto de habitantes. Al verlo pasear, la gente dejó de dirigirle la palabra. Y el día que el joven comenzó a correr y saltar, nadie lo dudó: todos creyeron que se había des­quiciado por completo. En aquel reino, donde todo el mundo sigue llevando una vida limitada con muletas, al joven se le recuerda como “el loco que caminaba sobre sus dos piernas”.

LA INFLUENCIA DE LA SOCIEDAD

“Sé obediente. Estudia, trabaja, cásate, ten hijos, hipotécate, mira la tele, compra muchas cosas. Y sobre todo, no cuestiones jamas lo que te han dicho que tienes que hacer”. P. Joseph.

   No hay nadie a quien culpar. Pero lo cier­to es que desde el día en que nacemos se nos adoctrina para que nos convirtamos en empleados sumisos y consumidores voraces, perpetuando el funcionamien­to insostenible del sistema. Así es como, al entrar en la edad adulta, seguimos la ancha avenida por la que tran­sita la mayoría olvidándonos por completo de seguirnos a nosotros mismos, a nuestra voz interior.

Por el camino nos desconectamos de nuestra verdadera esencia -de nuestros valores y principios más profundos- construyendo una personalidad adap­tada a lo que nuestro entorno más cer­cano espera de nosotros.
Si bien la sociedad y la tradición ejer­cen una poderosa influencia sobre cada uno de nosotros, en última instancia so­mos libres para tomar decisiones con las que construir nuestro propio sendero. Es una simple cuestión de asumir nuestra parte de responsabilidad. Sin embargo, tomar las riendas de nuestra existencia nos confronta con nuestro miedo a la libertad. Prueba de ello es que tendemos a ridiculizar procesos y herramientas -como el autoconocimiento y el desa­rrollo personal- orientados a cambiar nuestra mentalidad.

LOS SIETE ENEMIGOS

   Al obedecer las directrices determina­das por la mayoría, hacemos todo lo po­sible para no salirnos del camino trilla­do, rechazando sistemáticamente ideas nuevas. No nos gusta cambiar porque a menudo lo hemos hecho cuando no nos ha quedado más remedio. Por eso lo solemos asociar con la frustración y el fracaso. Tanto es así, que existen siete mecanismos de defensa cuya función es garantizar la parálisis psicológica de la sociedad.

 1. El primer mecanismo de defensa es el MIEDO, el más utiliza­do por el statu quo como elemento de control social. Cuanto más temor e inse­guridad experimentamos los individuos, más deseamos que nos protejan el Esta­do y las instituciones que lo sustentan. Basta con bombardear a la población con noticias y mensajes con una pro­funda carga negativa y pesimista.

2. Enseguida aparece en escena el AUTOENGAÑO, es decir, mentirnos a noso­tros mismos -por supuesto, sin que nos demos cuenta- para no tener que en­frentarnos a los temores e inseguridades inherentes a cualquier proceso de trans­formación. Para lograrlo basta con mirar constantemente hacia otro lado. Como dijo Goethe, “nadie es más esclavo que quien falsamente cree ser libre”.

3. Por esta razón, el autoengaño suele dar lugar a la NARCOTIZACIÓN. Y aquí todo depende de los gustos, preferencias y adicciones de cada uno. Lo cierto es que la sociedad contemporánea promueve infinitas formas de entretenimiento que nos permiten evadirnos las 24 horas del día. Dado que en general huimos permanentemente de nosotros mismos, lo más común es encontrarnos con personas que no van hacia ninguna parte.

4. Con el tiempo, esta falta de propó­sito y de sentido suele generar la apa­rición de la RESIGNACIÓN. Cansados físicamente y agotados mentalmente, decidimos conformarnos, sentencian­do en nuestro fuero interno que “la vida que llevamos es la única posible”. Asu­mimos definitivamente el papel de vícti­mas frente a nuestras circunstancias.

5. En caso de sentirnos cuestionados sole­mos defendernos impulsivamente por medio de la ARROGANCIA, muchas ve­ces disfrazada de escepticismo. Esta es la razón por la que solemos ponernos a la defensiva frente a aquellas personas que piensan distinto. Al mostrarnos sober­bios e incluso prepotentes, intentamos preservar nuestra rígida identidad.

6. Si seguimos posponiendo lo inevi­table, la arrogancia suele mutar hasta convertirse en CINISMO. Sobre todo tal y como se entiende hoy día. Es decir, como la máscara con la que ocultamos nuestras frustraciones y desilusiones, y bajo la que nos protegemos de la insa­tisfacción que nos causa llevar una vida de segunda mano, completamente pre­fabricada. Tal es la falsedad de los cíni­cos, que suelen afirmar que “no creen en nada”, poniendo de manifiesto que en realidad no creen en sí mismos.

7. Por último, existe un séptimo mecanismo de defensa: la PEREZA. Y aquí no nos referimos a la definición actual, sino al significa­do original. La palabra pereza pro­cede del griego acedia, que quiere decir“tristeza de ánimo de quien no hace con su vida aquello que intuye o sabe que podría realizar”.

   En fin, nadie dijo que fuera fá­cil, pero para empezar a cambiar, solo hay que dar un primer paso.

Artículo del Diario El País
Autor: Borja Vilaseca

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6 comentarios

Publicado por en 3 septiembre 2012 en ARTICULOS PSICOLOGIA

 

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6 Respuestas a “¡Que cambien los demás!

  1. Habilidad Emocional

    3 septiembre 2012 at 12:20

    Vaya, articulón genial, a esto lo llamo yo volver con fuerzas de las vacaciones 😀

     
  2. Paco G.

    5 septiembre 2012 at 12:52

    Enhorabuena, me ha encantado, una buena dosis de realidad. Uno se hace mas consciente de donde está con estos articulos para decidir donde dirigir sus pasos.

     
  3. Luis Fernando Martínez Gómez

    11 septiembre 2012 at 11:47

    Me gusto mucho y se me hizo de gran interés toda la información que se plantea, pues es algo que, recurrentemente, observo en muchos pacientes y en mí mismo. En horabuena.

     
  4. Anónimo

    13 septiembre 2012 at 2:28

    uh la verdad q me encanto, muy lindo y lo trajico que es una gran verdad

     
  5. Eka

    23 febrero 2013 at 13:39

    Gracias por este significativo aporte a la evolución de la conciencia social y personal.

    En la misma línea de tu artículo y siguiendo el contexto que has presentado Borja, me gustaría citar algunos apuntes de Sygmunt Bauman, sociólogo nacido en Polonia en 1925, de su libro Amor Líquido (2003):

    “No existen atajos que conduzcan a un mundo hecho a la medida de la dignidad humana, dado que es improbable que el mundo que existe realmente, construido cada día por gente ya despojada de su dignidad y desacostumbrada a respetar la dignidad humana de los otros, pueda reconstruirse según esa medida” ; Todas las cosas valiosas de la vida humana son tan sólo vales de compra para ese valor que hace que la vida sea digna de ser vivida”; “Quien busque la supervivencia asesinando la humanidad de otro ser humano, sólo consigue sobrevivir a la muerte de su propia humanidad”.
    twitter: @eurekapty

     
  6. olga martinez

    31 enero 2016 at 15:18

    Hermoso!. Sí . Los EGOS nos embotellan ,nos impiden la LIBERTAD.

     

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