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Mecanismos de defensa: Confluencia

19 Nov

   Cuando la persona  no siente ningún límite entre si misma y el ambiente que le rodea, cuando siente que es una con él, se dice que está en confluencia con el ambiente.

   El confluente vive confundido, no sabe qué quiere, no sabe qué siente, no ve la diferencia entre él y el resto del mundo. No sabe hasta dónde llega ella misma y dónde comienza el otro.

   En la confluencia no se produce el habitual ciclo contacto-retirada, mediante el cual el individuo mantiene una relación sana con el medio. No se da cuenta del límite entre sí mismo y los demás, no puede hacer un buen contacto con ellos. Tampoco puede retirarse de ellos. Ni siquiera puede contactarse consigo mismo. Perls explicaba este mecanismo como “una perturbación en la zona de contacto”.

   Cuando el confluente dice “Nosotros” es imposible saber de qué está hablando, si de sí mismo o del resto del mundo. Ha perdido completamente el sentido del límite.

Eran dos amigos inseparables. Un día conocieron a una bellísima cantante, una mujer deliciosa y fascinante. Ambos se enamoraron de ella y pasaban los días encantados a su lado. Transcurrieron meses de una satisfactoria y plena relación con la cantante, permaneciendo los tres muy dichosos durante todo ese tiempo. Pero un día ella les comunicó que tenía que partir, pues le habían ofrecido un contrato para cantar en otro país. Se despidió cariñosamente de los dos hombres y partió.

Entonces uno de los amigos dijo:

– Estoy verdaderamente desolado. No podré vivir sin ella. Siento una angustia terrible e insuperable. Y tú, ¿qué tal estás?

– Bien, muy bien; sereno y ecuánime.

– ¿Cómo es posible? Yo me estoy muriendo y tú estás bien. Acabas de perder una mujer maravillosa y no te sobrecoge.

El amigo dijo:

– Razona unos instantes conmigo. Antes de que esa fantástica mujer apareciera en mi vida, yo me sentía bien. Ella ha sido un regalo del destino. Vino y la disfruté intensamente, amando su cuerpo y su alma. Mientras ella estuvo aquí no dejé ni por un instante de sentirla en lo más profundo de mí. Pero ella ha partido y yo vuelvo a estar como me encontraba. Me siento bien, como antes de que apareciera. Tal vez incluso mejor, por la dicha de haberme topado en la vida con alguien así. El destino la trajo y el destino se la ha llevado de nuevo. La he amado sin aferramiento.

Frases que suele utilizar el confluyente

   “Lo que tú quieras…”, “Me da igual…”, siempre dice que “sí” a todo, “dígame qué tengo que hacer”, “nosotros…”,…

— Actitudes del confluyente

  • La persona en la cual la confluencia es un estado patológico no nos puede decir qué es ella, ni puede decirnos lo que son los demás. No sabe hasta dónde llega ella misma y dónde comienzan los demás. A través del otro vive. Ejemplo de ello son las madres abnegadas.
  • Hace suyas las emociones, necesidades,… de los otros y se confunden con las suyas. Se da una sobre-empatización. Quien está en confluencia patológica hace un ovillo de sus necesidades, sus emociones y sus actividades, resultando una confusión tal que no se da cuenta de qué es lo que quiere hacer. Ni de cómo se lo está impidiendo.
  • Evita el conflicto y busca la similitud. Está siempre de acuerdo con lo que los otros piensan y dicen. El confluente no soporta las diferencias ni la confrontación, porque lo que busca es la pertenencia. Ninguna diferencia es tolerada. Todo debe ser igual. Es el caso de los dictadores, los fundamentalistas, los grupos sectarios o los padres que consideran a sus hijos como una simple extensión de ellos mismos.
  • Imita los gestos de las personas con las que se relaciona.
  • Patología de contacto (quedarse parado / no existencia) y dificultad de retirada.

—Antídoto

   La diferenciación, desarrollar su yo, aprender a ser asertivo, eliminar los absolutos y generalizaciones, encontrar un apoyo en sí mismo, la autodependencia,…

   Salir de la confluencia es entender que la incondicionalidad es en el amor y no en la relación.

Aspecto creativo

   Capacidad para trascender los límites de la persona: experiencia de entrega, de fusión amorosa, la contemplación de la belleza,…

Ejemplos

   Tal vez el ejemplo del encuentro amoroso y el encuentro místico sean los ejemplos más gráficos de este mecanismo:

El amante acudió a la casa de la amada y llamó a la puerta.

– ¿Quién es? -preguntó una voz desde dentro de la casa.

– Soy yo.

– No estás preparado para verme. Ve al bosque y medita durante un año. Vuelve después.

Tras un año de intensa meditación, el amante volvió a la casa de la amada y llamó a la puerta.

– ¿Quién es?

– Soy tú -dijo el amante.

– En ese caso entra, querido mío, porque no hay lugar aquí para dos yoes.

___________________

– ¿Cómo puedo buscar la unión con Dios?, preguntó una mañana un discípulo al maestro.

– Cuanto más te esfuerces en buscarla, mayor distancia pondrás entre él y tú.

– Pero entonces, ¿cómo solucionamos precisamente el problema de la distancia?

– Comprendiendo que no existe.

– ¿Quiere eso decir que Dios y yo somos una sola cosa?

– Ni una, ni dos.

– ¿Cómo es posible eso?

– El sol y su luz, el océano y la ola, el cantante y su canción… Ni una cosa ni dos.

—Referencia: Pedro Valentín-Gamazo Valle

M. Angeles Molina.

Directora y Psicóloga (col. 1642) de PSINERGIA.

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Una respuesta a “Mecanismos de defensa: Confluencia

  1. Wendy Gil

    25 abril 2017 at 22:44

    Me gustó mucho la información ha sido muy útil en mi búsqueda de este tipo de mecanismos de defensas! Mucha gracias

     

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