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Carta de Ainara

14 Dic

autoestima   Porque realmente creo y estoy convencida de que valgo menos que tú, seas como seas, porque siempre te veré “menos malo” que yo, menos “defectuosa”, menos “torpe”, más “sensata”, etc., porque siempre encuentro un mar de defectos en mí cada vez que intento pensar en positivo.

   Hasta hace poco no era consciente de hasta qué punto ME INFRAVALORO y critico MACHACONAMENTE en el día a día. Hasta hace poco ni siquiera me daba cuenta de que el 90% del día me siento, simplemente, “mal”, “no válida”, lo que me hace volcarme en conseguir el afecto y atención del que tenga delante o, al menos, no defraudarle u ofenderle exponiéndole mi punto de vista o apetencias, si éstas no coinciden con el punto de vista de la persona. Si lo hago, pago el precio de sentirme fatal. Y el 10% restante del día lo paso de mal humor, triste y con ataques internos y externos de agresividad, supongo que por la frustración de no ser yo misma y no poder hacer lo que quiero y deseo el 90% restante del día, y por no saber o no conocer otra forma de pensar y comportarme.

   Desde que tengo uso de razón, todo lo que hacía iba acompañado de críticas constantes e insistentes, daba igual cómo lo hiciera o dijera, siempre había algo que corregir, las críticas solían ser bastante destructivas aunque en aquel momento no fuera consciente de ello. Todo eran sermones moralizantes, de hecho, vivía en una moralidad rígida y poco realista que no tenía en cuenta que toda persona necesita crecer en un entorno de ACEPTACIÓN Y CONFIANZA. Amenazas, castigos, reproches que hoy en día muchos podrían ver como “normales” para educar a un niño, en mi caso eran continuos y teñidos de “lo hago por tu bien” o “te estoy educando”.

   Hoy en día puedo decir que no sé lo que es un amor incondicional de una madre, no recuerdo haberme sentido aceptada tal cual soy yo, con mis defectos y mis imperfecciones.

Sin embargo, sí veo a mi alrededor a todo el mundo que se quiere, incluso con sus defectos.

   Mis defectos, mis errores, todo ese lado negativo en mí lo encuentro MUCHO MÁS TERRIBLE y MUCHÍSIMO MENOS PERDONABLE que el de la persona que tengo enfrente.

   De pequeña no me perdonaban una, ni siquiera me perdonaban a veces las conductas correctas, y ahora yo no me las perdono a mí misma.  

   ¿Has tenido la sensación alguna vez de darle vueltas a todo lo que haces o dices para buscar dónde lo has hecho mal, a ver dónde has metido la pata? Pues es una sensación que al menos hoy soy capaz de detectar. Y, por supuesto, casi siempre encuentro algo de lo que arrepentirme, algo que no tenía que haber expresado, o alguna forma equivocada de decir o hacer algo.

   Por otro lado, parece como si todos mis “terribles defectos” fueran transparentes, como si estuvieran a la vista de los demás para ser constantemente detectados. La sensación es que la persona que tienes enfrente te está EVALUANDO y de ella depende tu valía. Por eso son tan importantes sus reacciones, sus palabras, sus gestos. Y ASÍ MI ESTADO DE ÁNIMO DEPENDE DEL OTRO, NO DE MÍ, COMO SI CUALQUIERA PUDIERA METER LA MANO EN MI INTERIOR Y REVOLVER A SU ANTOJO, como si fuera una tinaja que se llenara o vaciara según la evaluación del otro. Por supuesto que la persona que tengo delante de mí NI SE IMAGINA todo lo que pasa por mi mente.

   Simplemente, haga lo que haga no me gusto, no me acepto, porque nunca he vivido lo que es que me acepten y quieran como soy, ni siquiera sé cómo se siente una en ese caso. Desconozco ese sentimiento.

   En realidad, el resto de sentimientos para mí no “existen”, es decir, están ahí, pero hasta hace poco sólo eran sensaciones “malas”, que no tenía por qué tener, que no tenía que sentir. Si, por ejemplo, tenía un sentimiento de rabia o de tristeza era porque algo no estaba bien en mí.

   Nadie me ha explicado nunca qué son los sentimientos, pero sí me han enseñado a reprimirlos, a echarlos a un lado. Si lloraba, me decían que no tenía derecho ni motivo alguno para hacerlo. En muchos casos, por tanto, me sentía “mala”, “egoísta” por hacerlo. Todo el universo real de los sentimientos no se me descubrió en la educación y ahora son sólo indicativos de mi poca valía.

   Tengo una sensación de ir por el mundo sobreviviendo más que disfrutando de la vida. LA VIDA ME LLEVA PORQUE TIENE QUE SER ASÍ, NO PORQUE YO LA CONTROLE O DISFRUTE. Las amistades son un lujo que yo no me merezco, por ser como soy, por valer menos que tú, ¿quién podría aguantarme? Mejor no tener para evitar el sentir que te vienen a decir esto.

   Todavía resuenan en mi cabeza frases del tipo: “no hay quien te aguante”, “si sigues así te va a ir muy mal en la vida”, “¡me tenéis harta, no os aguanto más!”.

   Si la persona que se supone que más te quiere y te acepta no te soporta y te critica constantemente, pues cuánto menos te aguantarán las otras personas.

   Cuando TAMPOCO TE DESTACAN lo bueno que hay en ti, el resultado es valía cero.

   Los refuerzos positivos son esenciales para el desarrollo del niño, leería más tarde, pues es triste reconocer que no recuerdo palabras bonitas de amor o aceptación por parte de mi madre, como si hubiera que ser muy buena para conseguirlas… pero nunca llegaron…

   Por todo esto siento que valgo menos que tú… porque pienso que no me lo merezco, aunque el amor me llegue ahora por parte de otra persona, porque YA ME GRABARON A FUEGO lo poco que valía y lo mucho que tenía que hacer para conseguir “valer”.

   Espero que ahora me entiendas mejor porque para mí, ya sabes… es importante lo que pienses.

Fuente: “Yo no valgo menos” de Olga Castanyer.

Referencia: Blog de Habilidad Emocional.

   Creo que muchas personas se pueden ver identificadas al leer esta carta. Como profesional de la Psicología, me encuentro a menudo con personas que sufren todas estas carencias. Se traducen en una baja autoestima, ansiedad, inseguridades, sobreexigencias, sensación de vacío y soledad, desubicación,…

Conocer el origen de los propios traumas o nudos es importante, pero aún lo es más el no quedarse aferrado a ellos. De nada me sirve apuntar con el dedo una y otra vez a quien considero responsable de mi sufrimiento. Ahora, que ya eres una persona adulta, puedes elegir entre quedarte atrapado en el reclamo o aportarte aquello que te falta: esa comprensión, ese amor, esa aceptación,… hacia ti mismo. El diálogo y relación que mantienes diariamente contigo mismo es tan importante que lo cuides… TÚ eres AHORA la fuente de la que poder nutrirte.

Autora: M. Angeles Molina.

Directora y Psicóloga del Centro de Psicología PSINERGIA.

Psinergia - Centro Psicologia en Murcia

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3 comentarios

Publicado por en 14 diciembre 2013 en Uncategorized

 

3 Respuestas a “Carta de Ainara

  1. Pilar López

    17 diciembre 2013 at 21:31

    Me gusta la carta
    Felices fiestas y feliz año nuevo

     
  2. Anónimo

    22 diciembre 2013 at 18:56

    Tienes un blog muy interesante. Procuraré visitarlo con frecuencia.
    Jordi

     
    • Psinergia

      27 diciembre 2013 at 18:31

      Gracias, Jordi.
      He visitado tu blog, y veo que compartimos temática. Yo también pasaré a visitarte. Son temas muy interesantes los que tratas.
      Un saludo.
      M. Angeles Molina.

       

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