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Amores Tóxicos: El Síndrome de la mamá gallina

22 Jun

Madre sobreproteccion

El Síndrome de la mamá gallina no es exclusivo de madres, también de padres, abuelos,… Aquellas figuras que educan desde la sobreprotección a los niños, trasladan miedos e inseguridades que no dejan lugar al crecimiento personal y la autodependencia.

“Dos legados podemos aspirar a dejar a nuestros hijos: uno, raíces; el otro, alas”.

Es necesario educar desde la confianza plena en la capacidad del niño para desarrollarse siguiendo su esencia, sin por ello renunciar al apoyo, el amor incondicional y a los límites para educar en la libertad.

Las madres o padres tóxicos ofrecen un amor a sus hijos hostigante a la vez que inmaduro. Proyectan sobre ellos sus inseguridades para reafirmarse personalmente, y así, tener mayor control sobre sus vidas y sobre la de sus hijos.

Todos hemos necesitado equivocarnos, porque eso ha implicado una toma de decisión propia y la posibilidad de sobreponernos a una caída. Podemos imaginar a un bebé dando sus primeros pasos. Se caerá todas las veces necesarias hasta que encuentre su propio equilibrio, su propia fuerza, el apoyo sobre sus propios pies. Así es como desarrollamos una forma de andar, de caminar, que es única.

¿Qué hace que ese amor se transforme en una atadura?

Podríamos hablar de amor, pero también de miedos, inseguridades, necesidad de control,…, por lo que podríamos decir que es un amor tóxico. Hablamos de un amor egoísta y asfixiante que puede generar muchos conflictos interiores.

Es importante dejar claro que este artículo no trata de apuntar acusadoramente a quienes aman desde las ataduras. Ellos también tienen una historia tras de sí que los impulsa a actuar desde sus propias carencias. Aunque esto tampoco los justifica, pero sí nos sirve para comprender que los padres también son humanos, y alguna vez fueron niños e hijos de sus padres.

¿Qué repercusión tienen en nosotros estas relaciones tóxicas?

Los familiares que despliegan las artimañas de la toxicidad, lo hacen hacia criaturas que están en pleno proceso de maduración personal, ahí donde debe asentarse su personalidad, su autoestima,… Todo ello, irá esculpiendo en ellos grandes vacíos, grandes inseguridades.

Una de las formas más claras de manipulación es la de infundir miedo. El “juego” del miedo se aplica no sólo en esta parcela de la vida familiar, sino en otros ámbitos sociales como la política, la religión,… Quien ostenta la figura de poder alimenta a quien le sigue, del temor o miedo a que algo malo va a pasar si no se le hace caso. Así se establece una relación de dependencia, en la que el que infunde el miedo se asegura de que nada cambie y el que se traga el miedo le otorga al otro todo el poder sobre uno mismo, y con ello también la responsabilidad que implica elegir (asumir el riesgo que implica vivir).

La culpa es otro de los medios para manipular y genera mucha angustia. Por ejemplo, utilizar frases del tipo “con todo lo que hemos hecho por ti…”, “eres una egoísta, solo piensas en ti y no en lo que necesita tu familia…”,… A veces, no es necesario decir ni una sola palabra. En la mente de estos hijos se despierta una cascada de reproches hacia sí mismos y una gran angustia interior que no saben cómo apaciguar, sino es anteponiendo las necesidades de sus progenitores a las suyas. Efectivamente, puede apagarse la angustia de la culpa, pero permanece la frustración, la rabia, el ahogo, el vacío,… en lo más profundo de ellos mismos.

Estas relaciones con el tiempo degeneran convirtiéndose en relaciones de amor-odio. El amor sólo se puede vivir plena y genuinamente cuando uno se siente libre dentro de una relación.

1. Personalidad insegura:

Detrás de este amor tóxico se esconde una clara falta de autoestima y autodependencia que les lleva a proyectar en sus propios hijos sus miedos, y la necesidad de salvarlos de aquello que a ellos les inquieta. Ese control también les proporciona una seguridad ficticia y ponen una pesada carga sobre los hombros de sus hijos: la de cubrir las carencias de sus padres.

Por ejemplo, una madre que tiene miedo a la soledad y un vacío existencial, puede manipular a su hija para que renuncie a su propia vida y “se quede” con ella. No tiene por qué quedarse físicamente, puede hacerlo en la distancia. Eso no le permitirá a la hija entregarse por completo a ella misma, ni a su familia construida (si la tiene).

Puntualizar que ese vacío existencial del padre o la madre podría existir incluso antes de la presencia de los hijos, y/o que estos depositaron todo el sentido de su vida en sus hijos, olvidándose de ellos mismos.

2. Obsesión por el control:

La necesidad por tener controlado cada aspecto de sus vidas, hace que acaben haciendo lo mismo en la vida de sus hijos. No son capaces de ver los límites. Para ellas, control es sinónimo de seguridad, de algo inmanente que no cambia, y lo que no cambia es bueno porque les hace tener una sensación de seguridad, aunque esta sea ficticia.

Lo complicado de esta dimensión es que suelen ejercer el control pensando que con ello, hacen el bien y que así demuestran amor por los demás. “Yo te hago la vida fácil controlando tus cosas para que seas feliz”, “Yo solo quiero lo mejor para ti, y por ello evito que puedas equivocarte”…

El control llevado a cabo desde la justificación del cariño, es el peor acto de la sobreprotección. Impedimos con ello que los niños sean autónomos, capaces y valientes. Y aún más, que aprendan de sus errores.

3. Los hijos como una prolongación de los padres:

   “Quiero que consigas lo que yo no tuve“, “No quiero que caigas en mis mismos errores”, “Quiero que llegues a ser aquello que yo no puede conseguir”, “No quiero que sufras lo que yo sufrí”,…

En ocasiones, las madres tóxicas proyectan en sus hijos los deseos incumplidos de su propio pasado, sin preguntar si quiera qué es lo que ellos desean, sin darles opción a elegir, pensando que con ello, les demuestran un amor incondicional. En realidad, están dejando de ver a sus hijos, quedando cegados por sus propios miedos, fantasmas, deseos,… No pueden ver a sus hijos como personas diferentes e individuales, sino como una prolongación de sí mismos.

¿Cómo liberarse de estas ataduras?

Tanto aquellos que aman desde el apego destructivo, como aquellos que se viven como víctimas de estas ataduras, pueden elegir transformar esta relación, aunque sea de forma unilateral.

El primer paso es tomar conciencia de lo que supone establecer este tipo de relación y el sufrimiento que comporta: ninguno de los dos suelta por miedo, pero a la vez se siente preso de la relación. En la práctica, esto requiere poner límites, reconocer la manipulación, respetarse a sí mismo, darse permiso para expresar asertivamente nuestros deseos, ideas, sentimientos,…

El segundo paso, es un deseo profundo de libertad. Comienza por preguntarse: ¿qué necesito yo para sentirme libre?. Y la respuesta o respuestas a esta pregunta se convertirán en la brújula para colocarnos en el lugar que nos corresponde. Esto nos ubica y nos libera de ataduras para poder elegir libremente. En la práctica, supone ser hijo de nuestros padres, y no padre de nuestros padres; decir que no cuando lo necesitemos, no jugar al juego de la manipulación, tomar decisiones propias que estén guiadas por nuestras propias motivaciones, reconocer nuestros derechos,…

El tercer paso, es darse permiso para ejercer nuestro derecho a la vida. El mejor regalo que nos han podido dar nuestros padres es la vida, y la mejor forma de agradecerles este regalo es tomándola con agradecimiento y viviéndola plenamente, sabiéndonos conscientes de que no somos ellos. Ellos tuvieron su oportunidad para elegir. En la práctica, esto supone asumir responsabilidades, establecer una relación de amor incondicional con nosotros mismos, seguir nuestra esencia (deseos, motivaciones,…),…

Autora: M. Angeles Molina.

Directora y Psicóloga del Centro PSINERGIA.

Inspirado en artículo “Cuando la educación hace daño: madres tóxicas” de Valeria Sabater.

Psinergia - Centro Psicologia en Murcia

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2 comentarios

Publicado por en 22 junio 2015 en ARTICULOS PSICOLOGIA

 

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2 Respuestas a “Amores Tóxicos: El Síndrome de la mamá gallina

  1. lafuerzadelavida

    22 junio 2015 at 11:16

    Muy útil toda la información que has compartido con nosotros. Totalmente de acuerdo con el punto 2…La obsesión por el control muchas veces demuestra demasiada inseguridad…

    ¡Saludos! 😉

     
  2. javier

    18 noviembre 2015 at 7:50

    me gusto la parte de poner limites. lamentablemente, cuando estos padres educan no ponen limites, entonces le toca a los hijos establecerlos ahora hacia ellos.

     

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